Cuando Hem vio a su amigo calzándose las zapatillas, le preguntó:
–No pensarás en serio en volver a internarte en ese laberinto ¿verdad? ¿Por
qué no te limitas a esperar aquí conmigo hasta que nos devuelvan el Queso?
–Veo que no entiendes nada –contestó Haw–. Yo tampoco quise verlo así, pero
ahora me doy cuenta de que nadie nos va a devolver el Queso de ayer. Ya es hora de
encontrar Queso Nuevo.
–Pero ¿y si resulta que ahí fuera no hay ningún Queso? –replicó Hem–. Y
aunque lo hubiera, ¿y si no lo encuentras?
–Pues no sé –contestó Haw.
El también se había hecho esas mismas preguntas muchas veces y
experimentó de nuevo los temores que le mantenían donde estaba.
“¿Dónde tengo más probabilidades de encontrar Queso, aquí o en el
laberinto?”, se preguntó a sí mismo.
Se hizo una imagen mental. Se vio a sí mismo aventurándose por el laberinto,
con una sonrisa en la cara.
Aunque esta imagen le sorprendió, lo cierto es que le hizo sentirse bien. Se
imaginó perdiéndose de vez en cuando en el laberinto, pero experimentaba la
suficiente seguridad en sí mismo de que encontraría finalmente Queso Nuevo y todas
las cosas buenas que lo acompañaban. Así que, finalmente, hizo acopio de todo su
valor.
Luego, utilizó su imaginación para hacerse la imagen más verosímil que
pudiera concebir, acompañada por los detalles más realistas, de sí mismo al encontrar
y disfrutar con el sabor del Queso Nuevo.
Se imaginó comiendo sabroso queso suizo con agujeros, queso cheddar de
brillante color anaranjado, quesos estadounidenses, mozzarella italiana, y el
maravillosamente pastoso camembert francés, y…
Entonces oyó a Hem decir algo y tomó conciencia de hallarse todavía en el
depósito de Queso Q.
–A veces, las cosas cambian y ya nunca más vuelven a ser como antes –dijo
Haw–. Y ésta parece ser una de esas ocasiones. ¡Así es la vida! Sigue adelante, y
nosotros deberíamos hacer lo mismo.
Haw miró a su demacrado compañero y trató de infundirle sentido común, pero
el temor de Hem se transformó en cólera y no quiso escucharle.
Haw no tenía la intención de ser grosero con su amigo, pero no pudo evitar
echarse a reír ante la estupidez de ambos.
Mientras se preparaba para marcharse, empezó a sentirse más animado,
sabiendo que finalmente había logrado reírse de sí mismo, dejar atrás el pasado y
seguir adelante...Antes de partir, Haw tomo una piedra pequeña y afilada y escribió un
pensamiento muy serio en la pared:
Si no cambias,
te puedes extinguir.


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